jueves, 12 de agosto de 2010

Plegaría a Jesús.



Niño, hombre, y luego Espíritu, ven
En todo Tu esplendor. A menos que
en mi vida brilles Tú, serás una pérdida para tí,
Y lo que pierdes Tú también lo pierdo yo.
Mi razón de estar aquí no puedo descifrar
A excepción de esto: Sé que he venido
A buscarte y a encontrarte. En tu vida
Me muestras el camino hacia mi eterno hogar.
Niño, hombre, y luego espíritu. Así
Voy por la senda que me señalas Tú
Hasta que pueda al fin ser como Tú.
¿Qué más sino tu imagen querría ser?
Qué silencio al hablarme
Y tus palabras de amor y que por ti las diga
A aquellos que me envías! Y bendecida soy
Pues en ellos contemplo que resplandeces Tú.
No hay gratitud que yo pudiese darte
Por un obsequio así,. La aureola en tu cabeza
Debe ser la que me habla, pues muda estoy junto
A tu dice mano con la que mi alma guías.
En mano santas tus regalos tomo, pues Tú
las bendijiste con las tuyas. Vengan, hermanos, vean
Cuánto soy como cristo, y como ustedes
A quienes El bendijo y conmigo guarda como uno
un perfecto retrato de lo puedo ser
Me muestras tú, que pueda yo ayudarte a renovar
La fallida visión de tus hermanos. Que al levantar sus ojos
No sea a mí quien vean, mas te vean sólo a Ti.


( Los regalos de Dios, págs.82-83)






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